El juego, la manera innata de meditación en niños.


Si tenéis niños, esta historia os resultará familiar:

 

"Erase una vez un niño que estaba jugando con un barquito en un estanque. Se hallaba por completo absorto en su juego. Un yogui que pasaba por el lugar se acercó hasta él y comenzó a hablarle y a hacerle algunas preguntas, pero el niño estaba tan ensimismado con las evoluciones del barquito sobre las aguas que ni siquiera reparó en la presencia del hombre.

 

Al contemplar el yogui la actitud del niño, se postró ante él y le dijo:

 

Amiguito, tú eres mi maestro. Ojalá cada vez que me siente a meditar pueda estar tan concentrado como tú lo estás ahora y que como a ti te sucede, nada pueda distraerme. Sí, eres mi maestro.

 

El niño seguía contemplando, embelesado, el barquito meciéndose sobre las aguas cristalinas del estanque."


Hace unos días acudió a la consulta una madre muy preocupada porque decía que su hijo no le hacía caso, que tenía que tener algún problema mental o alguna alteración auditiva. Ella refería que llamaba e intentaba captar la atención del niño cuando estaba jugando y el niño no respondía de ningún modo y seguía con su juego. 

 

Como habréis adivinado no tenía ningún problema orgánico ni psicológico. Los niños tienen una facilidad asombrosa para disfrutar del presente, para vivir el aquí y el ahora. Pueden pasarse horas tirando piedras a un río, repasando su colección de cromos o jugando a las muñecas. Esta habilidad para ser consciente y saborear lo que ocurre suele ir desapareciendo con el paso del tiempo, porque a medida que vamos creciendo, comenzamos a pensar más en lo que pasará y menos en lo que está pasando realmente.  

 

Aún así, podemos conservar la capacidad para “ser conscientes” a pesar del paso de los años, aprendiendo a meditar y ¡cuánto antes mejor! 


Hay muchos estudios que han mostrado la capacidad que tiene los más pequeños para beneficiarse de la meditación y el mindfulness.


En una investigación llevada a cabo en un colegio de Conneticut, en el que se meditaba tres veces a la semana, se comprobó que los estudiantes redujeron considerablemente sus niveles de estrés.


Otras investigaciones han mostrado que incorporar el mindfulness al programa educativo ayuda a los alumnos a mejorar el auto control, la empatía y el clima en el aula.


Por otro lado, en la Universidad de Michigan se comprobó que tras cuatro meses meditando, los alumnos eran capaces de manejar su estrés y eran mucho más felices que al inicio de la investigación.


¿Por qué es bueno que nuestros hijos mediten?


> Aprenden a reconocer y controlar el estrés, la tristeza y la ansiedad, emociones muy frecuentes en la niñez y adolescencia.


> Aumentan las emociones positivas como la felicidad, optimismo o esperanza.


> Les ayuda a vivir el momento presente, a ser consciente de lo que les rodea y disfrutar con ello.


> Mejora su rendimiento académico. Se concentran con más facilidad y memorizan más y mejor.


>Son más creativos.


> Aprenden a desconectar y a relajarse.


> Son capaces de relacionarse mejor con los demás.


> En niños con Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), se

reducen los síntomas.



¡¡Recuerda que una mente en calma es una mente sana!!



Artículo cedido por nuestras colaboradoras expertas en psicología del Gabinete Carmen Serrat-Valera.


Escrito por la psicóloga Paula Gordillo.



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